Intro
Monterrey…
mil novecientos ochenta y seis…
y una historia que todavía sigue viva…
Verso 1
Entre la gente de la Alameda él caminaba sin imaginar,
que aquella tarde cambiaría todo lo que iba a llegar.
Cabello largo, estilo tranquilo, mirada firme de galán,
ella venía desde Moctezuma con sueños por estrenar.
Piel tan clara, sonrisa lenta y aquella forma de mirar,
como si el tiempo se detuviera solo para verlos pasar.
Pre-coro
Y Monterrey guardó silencio cuando cruzaron aquella vez,
porque hay amores que ya nacieron mucho antes de poderse entender.
Coro
Dos enamorados bajo las luces de la Macroplaza al anochecer,
junto a la fuente soñando en silencio que nada los iba a vencer.
Y aunque la vida les puso tormentas nunca dejaron de creer,
porque el amor cuando es verdadero siempre encuentra cómo volver.
Verso 2
Hubo una noche de fin de semana que ella no pudo llegar,
él la esperaba donde acordaron sin entender qué pudo pasar.
Regresó triste pensando en dudas mirando el suelo al caminar,
hasta que en casa le dieron el recado: “ella llamó para explicar”.
No había forma de avisar a tiempo ni teléfonos por todos lados,
pero bastaron pocas palabras para sanar lo que había lastimado.
Pre-coro
Y aquella angustia se volvió calma porque entendió sin reclamar,
que dos corazones destinados jamás se dejan de encontrar.
Coro
Dos enamorados bajo las luces de la Macroplaza al anochecer,
junto a la fuente soñando en silencio que nada los iba a vencer.
Y aunque la vida les puso tormentas nunca dejaron de creer,
porque el amor cuando es verdadero siempre encuentra cómo volver.
Puente
Había rumores y malas lenguas inventando historias sin razón,
decían que él tenía otra vida solo por verse mayor.
Y una víbora entre compañeros quería romper aquella ilusión,
hablándole de otras mujeres pero él jamás cambió de dirección.
Porque sabía lo que sentía cada vez que ella sonreía,
y no existe mentira en este mundo que destruya un amor que es de verdad.
Coro final
Dos enamorados contra el tiempo, cuarenta años y sigue igual,
porque el amor que nace sincero nunca se deja apagar.
En el ochenta y seis se juraron amor eterno frente a Dios,
y hoy en dos mil veintiséis siguen latiendo al mismo son.
Las fotografías siguen guardando momentos junto a aquella fuente,
y la Alameda todavía recuerda cuando el destino los unió para siempre.
Outro
Bajo las luces de Alameda…
dos almas se encontraron…
y nunca volvieron a separarse…